19-11-2017 | 12:43 hs

¡Qué nenes! Saquearon el kiosco de la escuela, se fotocopiaron el trasero y dejaron copias pegadas en las puertas

Alumnitos de Quinto Grado de la escuela “Legado General Belgrano” se adjudicaron el hecho. Uno de ellos se arrepintió, batió todo a la vicedirectora y la dueña del kiosco levantó la denuncia.

El accionar delictivo, ya sea una ocurrencia propia de menores o un acto de iniciación, ocurrió en el kiosco del interior de la escuela Legado General Belgrano, ubicado sobre la avenida Rallé, en el barrio Limache, a metros de la comisaría.

Los precoces delincuentes, pertenecientes a una extensa barriada donde los conflictos por violencia de género, asaltos y drogas aún se encuentran a la orden del día, se las ingeniaron para ingresar al establecimiento escolar en horas de la noche, sin que los policías, vecinos inmediatos de la escuela, advirtieran su presencia, como tampoco los choferes de una remisera que funciona las 24 horas, quienes están apostado frente al otro latera del edificio.

Una vez dentro de la escuela, y conocedores del lugar, los alumnos, ya como delincuentes juveniles, fueron directo al kiosco de doña Carmen Castillo, una vecina de la etapa 6 del barrio Limache, quien relató este hecho en una denuncia, la cual luego levantó tras la aparición de un “arrepentido”.

La mujer, según lo informado por la policía a La Voz del Salta, contó que al otro día, al llegar al local, se dio con la ventana de madera del kiosco forzada, mientras que en el interior las golosinas estaban tiradas por el piso, por lo que de inmediato llamó al director del establecimiento, Alberto Peñalba, quien a su vez alertó a los policías.

Los uniformados llegaron y ordenaron no tocar nada hasta tanto los peritos realizaran el levantamiento de huellas, tras lo cual recién doña Carmen pudo hacer el inventario de las mercaderías robas, lo que, de alguna manera, delató a los autores de esta fechoría.

Es que los ladronzuelos se llevaron veinte mamaderas ácidas “Pokemón”, otra caja de caramelos ácidos “Jack Sparrow”, una de chicle por metro, seis paquetes de papas fritas “Tía Maruca”, malvadiscos, varias galletas “Mini Oreo” y unas 10 gaseosas Talca y Marinaro.

Los autores del ilícito no buscaron otros elementos de mayor valor, como así tampoco hurgaron en la caja donde se guardaba el dinero, aunque si cometieron otra felonía atrevida, la cual terminó de confirmar las sospechas de que se trataba de un hecho propio de delincuentes juveniles.

Los ladrones, al menos uno de ellos, dejó su sello personal, pues se tomó varia fotocopias de su propio trasero en la máquina de doña Carmen, tras lo cual sembró las copias en distintas puertas del establecimiento escolar, siendo la principal prueba que la policía se llevó.

 

Arrepentido

 

Cuando, al día siguiente, la noticia del saqueo y de las copias de la cola del o los ladrones corrió por toda la población estudiantil y docentes, los autores de este robo comenzaron a ponerse nerviosos, pues los policías estaban seguros de que los principales sospechosos eran de la propia escuela.

Las advertencias y amenazas de que no tardarían en dar con los “pillos” y que incluso se haría un reconocimiento de traseros, llevó a uno de los participantes del robo a presentarse con la vicedirectora de la escuela, donde confesó a título de “arrepentido”.

Para dejar en claro su posición, el menor de unos 11 años, quien resultó ser alumno de Quinto Grado de la misma escuela, indicó el lugar donde tenía guardado el botín, ubicado en el mismo edificio y al cual acudían durante los recreos para abastecerse.

Tras la confesión, la kiosquera aceptó las disculpas, recuperó gran parte de la mercadería robado, tuvo compasión de los menores y levantó la denuncia, con lo cual el caso quedó cerrado, aunque algunos padres, al enterarse de lo sucedido, se mostraron molestos por no haber ido más allá con el castigo a los pequeños malvivientes.

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